Quiero vender mi empresa

Editorial
Por Mario Monrós, Socio Director de TACTIO España

De un tiempo a esta parte, asistimos a una transformación en la manera de hacer negocios, de desarrollar nuevas ideas y de financiar proyectos. También se han modificado los objetivos y prioridades de los nuevos emprendedores e inversores.

En muchos casos, se antepone el incremento del valor del proyecto a su expectativa de rentabilidad económica, como también el rápido crecimiento a cualquier precio a un desarrollo sostenido y equilibrado en los recursos.

Este panorama no encaja con los tiempos que rigen en la mayoría de las empresas familiares, que con bastante esfuerzo hacen lo que pueden para innovar y competir en calidad, precio y servicio en un mercado global. Desistir de todo ello equivale a resignarse a ocupar una posición de actor secundario.

En nuestro país de pymes familiares, abundan los actores secundarios. Y me temo que, si las cosas no cambian, buena parte de ellos entrarán en esa fase de irrelevancia en que el máximo objetivo pasa a ser simplemente el de sobrevivir.

Muchos empresarios que no quieren exponerse al riesgo de hipotecar el futuro de la empresa optan por venderla o, al menos, por incorporar un socio que les permita financiar su apuesta. Pero a veces los deseos distan mucho de las realidades y son muy pocos los que consiguen vender. Además, aquellos que lo logran no siempre reciben lo que habían calculado.

Vender (la totalidad o una parte) o asociarse pueden ser excelentes soluciones estratégicas para garantizar un futuro viable y lleno de competitividad. Muchas veces es la única forma de mantener el legado vivo y de impulsar un gran proyecto empresarial que acabe viendo la luz. Pero no conviene precipitarse ni dar pasos en falso, sin estar completamente seguros del valor real que reflejan los puntos fuertes de la empresa; o, al contrario, sin tener la seguridad de cuál es la cotización que restan las debilidades existentes.

En TACTIO intervenimos en proyectos de todos los sectores y sabemos que, si una empresa no está preparada para ser vendida, necesita ponerse a punto para manifestar su verdadero valor potencial. Con la garantía de un líder, podemos ocuparnos del acompañamiento que necesita un empresario en el recorrido de una venta o en la incorporación de un socio.



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