¿Están las pymes preparadas para un impacto de efectos globales?

Gestión Internacionalización
Por Lorenzo Garrido Director de Consultoría de Tactio

El resultado del referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea genera muchas incertidumbres e innumerables preguntas de difícil respuesta. El pasado 23 de junio de 2016 el Reino Unido sometió a consulta entre sus ciudadanos la decisión de permanecer o no como estado miembro en la Unión Europea, con el resultado de un 51,9% de votos favorables a la salida, el llamado Brexit.

A partir de ese momento se ha desencadenado una cascada de reacciones de todo tipo. Mucho se ha escrito desde entonces, pero lo cierto es que nadie acierta a determinar con exactitud los posibles efectos que este acontecimiento puede llegar a tener a nivel global, regional o local. Aunque todos sabemos que la decisión del pueblo británico afectará nuestras vidas en mayor o menor medida, directa o indirectamente. En todo caso, se generan demasiadas incertidumbres y preguntas sin respuesta, especialmente para quien no disponga de un plan ni un rumbo previamente establecido.

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Un problema local con efectos globales

Es difícil estimar el impacto de un suceso de estas características. Pero, en cierta manera, es posible hacer un sencillo ejercicio de correlación que nos ayude a comprender el modo en que todo ello puede afectar a la evolución de la economía en España, las perspectivas de desarrollo de las pymes, e incluso la posible repercusión sobre la renta disponible de los ciudadanos y su calidad de vida.

El primer efecto visible del Brexit fue una depreciación considerable de la libra esterlina. Ello implica directamente un abaratamiento de las importaciones procedentes del Reino Unido, que puede tener una repercusión positiva sobre el precio de determinados bienes y servicios. Pero al mismo tiempo implica un encarecimiento de las exportaciones a dicho país, lo cual, en el actual escenario de recuperación de la economía española, precisamente animado por la tendencia creciente de las pymes a la internacionalización, puede suponer un freno a muchos planes empresariales. En consecuencia, puede provocar efectos colaterales como aplazar inversiones, reducir la creación de empleo, endurecer la financiación de la actividad empresarial, frenar el consumo, etc.

ACTUAR SEGÚN LOS ACONTECIMIENTOS REDUCE LA CAPACIDAD DE MANIOBRA CUANDO LAS CIRCUNSTANCIAS DEL ENTORNO NO SON FAVORABLES

Imaginemos ahora el supuesto de un ciudadano británico que habitualmente disfruta en España de sus períodos vacacionales. La pérdida de valor que la libra esterlina sufre frente al euro implica que tendrá que consumir más unidades monetarias para poder acceder a los mismos bienes y servicios, lo que inevitablemente mermará su presupuesto de gasto. Por lo tanto, reducirá el tiempo de su estancia y consumirá menos en hoteles y restaurantes, supermercados, negocios de proximidad, estaciones de servicio, etc.

Y además se verán afectadas sus decisiones de inversión inmobiliaria en España, con todo lo que ello implica en términos de menor uso de los servicios de profesionales independientes (agencias inmobiliarias, servicios legales, notarías, etc.) y resto de actividades vinculadas al sector (empresas de reformas, servicios de mantenimiento, jardinería, etc).

Como consecuencia de todo ello, el Estado y las diferentes administraciones públicas obtendrán menos ingresos vía recaudación de impuestos, lo que reducirá sus presupuestos y el dinero disponible para invertir en desarrollos de infraestructuras y calidad de los servicios públicos. En definitiva, un perjuicio para la ciudadanía, además de incertidumbre e inestabilidad en el entorno empresarial, con efectos a su vez sobre la economía doméstica y las personas.

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Sin duda hablamos de un problema local con efectos globales ya que, como hemos visto, algo que sucede a miles de kilómetros de distancia, que puede parecer ajeno a nuestra propia realidad o incluso provocar desinterés, nos afectará directamente en mayor o menor medida. Por no hablar, además, de las consecuencias que el Brexit tendrá sobre la economía europea y mundial, lo que a su vez nuevamente generará impactos sobre nuestra realidad económica.

ES IMPORTANTE DISPONER DE UN PLAN QUE GUÍE LA ACCIÓN DIRECTIVA Y JUSTIFIQUE LAS GRANDES DECISIONES, APORTANDO SENTIDO A QUÉ SE HACE Y CÓMO SE HACE

En un entorno globalizado, nada de lo que sucede es un hecho aislado y cualquier acontecimiento puede desencadenar un efecto dominó de sucesos con efectos inciertos o inesperados. En este caso, si no contamos con los mecanismos necesarios para articular una respuesta adecuada, nuestra empresa puede verse expuesta al nuevo escenario en mayor o menor medida, poniendo en riesgo su estabilidad e incluso continuidad.

¿Acción o reacción?

La salida del Reino Unido de la Unión Europea no es más que una pretexto para introducir la necesidad de la siguiente reflexión: ¿están las pymes familiares preparadas para gobernar su futuro con garantías?, ¿tienen la suficiente capacidad de respuesta ante un entorno en permanente estado de cambio y transformación?, ¿qué criterios deben primar en la toma de decisiones? En definitiva, ¿cuentan con los instrumentos adecuados para gestionar el impacto de un acontecimiento local con efectos globales como el Brexit, una crisis o cualquier otro imprevisto?

SI LA EMPRESA NO SABE QUÉ QUIERE SER, NUNCA LLEGARÁ A SER

Desafortunadamente, la respuesta en muchos casos será negativa. En Tactio hemos analizado e intervenido en más de 1.500 empresas de diferentes tamaños y sectores, a las que hemos ayudado a progresar y evolucionar. Y desde esta experiencia podemos afirmar que, como regla general, la pyme familiar española presenta una peligrosa tendencia a actuar en función de la evolución de los acontecimientos.

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Lo cual reduce considerablemente la capacidad de respuesta y merma su margen de maniobra cuando las circunstancias del entorno no son favorables, pudiendo llegar incluso a amenazar su propia existencia.

La importancia de tener un plan

Las palabras de Lucio Anneo Séneca (4 a.C – 65 d.C) son aquí muy adecuadas: “Nuestros planes se malogran por falta de objetivos. No hay vientos favorables para el marinero que no sabe qué rumbo poner”. Por ello es importante disponer de una herramienta que guíe la acción directiva y que justifique las grandes decisiones de futuro. Un plan que aporte sentido a lo que se hace y cómo se hace. Un documento maestro en el que se plasme el desarrollo esperado para la compañía, contemplando al menos:

 

1.- las grandes metas (lo que se quiere conseguir en el futuro)

2.- los objetivos a alcanzar (cualitativos y/o cuantitativos)

3.- las estrategias, tácticas y acciones necesarias para conseguir los objetivos

4.- los medios y recursos necesarios (presupuestos, inversiones, etc.)

5.- los plazos y responsables asignados a cada uno de los hitos temporales establecidos. Es sencillo, pero requiere del pleno convencimiento de su necesidad y razón de ser y, muy especialmente, seguir algunas recomendaciones básicas.

ES FUNDAMENTAL UNA REFLEXIÓN PROFUNDA PARA DEFINIR Y CONCRETAR LOS LOGROS QUE SE ESPERAN ALCANZAR, COMO PUNTO DE PARTIDA PARA DETERMINAR EL CAMINO A SEGUIR

1.- Visualizar el horizonte (misión y visión)

Si la empresa no sabe qué quiere ser, nunca llegará a ser. Por ello resulta fundamental un ejercicio de reflexión profunda que conduzca a la definición y concreción de los logros que espera alcanzar, como punto de partida para la posterior determinación del camino a seguir.

En este sentido cabe plantearse cuestiones como ¿qué mensaje se desea transmitir?, ¿cómo quiere la empresa ser percibida?, ¿qué expectativas espera ver satisfechas?, ¿qué valores se quieren perpetuar?, ¿qué modelo de empresa se quiere desarrollar?, ¿cómo quiere ser distinguida del resto de competidores (diferencial competitivo)? En definitiva, toda una declaración de intenciones que sirva para definir la propia personalidad como empresa, dando sentido y valor a sus acciones.

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2.- Escuchar a los grupos de interés (‘stakeholders’)

Los grupos de interés constituyen el conjunto de agentes con los que interactúa la empresa: clientes, proveedores, entidades financieras, accionistas, trabajadores, inversores y socios estratégicos, sindicatos y administraciones públicas, la sociedad en su conjunto y, por supuesto, también la familia. Todos ellos observan la empresa y su comportamiento desde la distancia, esperan ver sus expectativas satisfechas y sostienen con su aprobación la propia existencia de la compañía. Resulta fundamental que sus voces sean escuchadas y tenidas en cuenta y para ello es necesario que la empresa instrumente los canales de comunicación adecuados. De esta manera su puede mantener un flujo de información bidireccional que le permita controlar el impacto de sus acciones en todo momento.

3.- Conocer el entorno macro y controlar su influencia

El entorno macro es el escenario en el que la empresa desarrolla su actividad, es decir, el sector de actividad y el mercado objetivo. La compañía debe tener en todo momento conciencia de su propia existencia y saber quién es y lo que representa en el conjunto de su entorno. Por tanto, resulta fundamental conocer las variables que tienen una influencia directa sobre los propios resultados de la empresa y que, por lo tanto, deben ser tenidas en cuenta en la definición de planes y acciones. Nos referimos a: magnitudes económicas de la competencia, estado de madurez y saturación del sector, nivel de cuota de mercado y posicionamiento estratégico, tendencias de los hábitos de consumo de los clientes, evolución de la producción legislativa de aplicación en el sector, etc. En el mundo de internet el acceso a la información es inmediato, no hay excusa para trabajar y decidir desde la desinformación o la ignorancia.

 

4.- Tener ambición por el crecimiento

Alguien dijo que “para ser grande hay que pensar a lo grande”. Y es cierto. El tamaño sí que importa porque en el entorno empresarial, al igual que sucede en el reino animal, la supervivencia es de los más fuertes y los mejor preparados. La dimensión le confiere a la empresa músculo y guarda relación directa con la competitividad y la eficiencia en costes. Pero tiene que ser un tamaño adecuado y bien gestionado: por sí solo no sirve. No se trata de crecer por crecer. El objetivo último tiene que ser siempre la rentabilidad, para asegurar un modelo de negocio sostenible en el tiempo. Por lo tanto, hay que crecer, porque no hay peor estrategia que el exceso de conformismo. En un entorno que evoluciona como lo hace el mercado global, renunciar al crecimiento es lo mismo que retroceder.

5.- Orientación al I+D y compromiso con la mejora continua

Investigación y Desarrollo (I+D) entendido como un ejercicio consciente, sistemático y permanente de búsqueda de la excelencia como diferencial competitivo, a través del desarrollo de nuevas y mejores soluciones a las necesidades de la empresa. Al fin y al cabo, el desarrollo es el motor del mundo y la innovación y la mejora continua son los instrumentos necesarios. No se puede renunciar al progreso y por ello las pymes familiares deben asumirlo como un proceso natural, que implica el paso de un estado a otro superior. Un proceso inevitable (y permanente) que requiere apostar por las personas en la organización como actores necesarios y que, sobre todo, debe contar con el máximo compromiso de la dirección de la empresa. Y todo ello en un contexto en el que aceptar el reto de la transformación digital es una necesidad vital e irrenunciable.

6.- La empresa es dueña de su propio destino

A menudo escuchamos de nuestros clientes frases célebres y recurrentes como las siguientes: “este sector es muy particular, “en este mercado las cosas suceden de manera diferente”. O incluso la frase comodín que explica todos los males: “la crisis se nos ha llevado por delante”. Son comentarios que ponen de manifiesto la creencia errónea de que un sector no se rige por las reglas básicas de la economía de mercado. Hay que alejarse del ensimismamiento y evitar el victimismo. La costumbre de atribuir a factores externos los males propios es muy cómoda, la excusa fácil bajo la cual muchas veces las empresas esconden las verdaderas razones del propio fracaso. Pero es un error.

 

El futuro está en nuestras manos

Los empresarios, como las personas, tenemos la oportunidad y obligación de gobernar y administrar nuestro futuro. Si a todo lo que sabemos de nuestra empresa, sector y mercado le añadimos alguna dosis de reflexión y anticipación como las planteadas anteriormente, entonces los resultados necesariamente tienen que ser mejores. La experiencia así nos lo demuestra. De esta manera estaremos contribuyendo a hacer de nuestra ciudad, provincia, región o país un lugar mejor. Un mundo de oportunidades y posibilidades para las futuras generaciones.

De lo contrario, nos exponemos a que un problema local con efectos globales (como por ejemplo, el Brexit) altere el ecosistema de nuestra empresa, condenándola al ostracismo y la irrelevancia.

 

 



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