¿El tamaño importa realmente para innovar?

Opinión

 

Publicado en Expansión Edición País Vasco. Sábado 18 junio 2016
Por Mario Monrós, socio-director de TACTIO

Más del 99% de las empresas vascas son pequeñas y medianas, y en su mayoría tienen 9 o menos empleados (micropymes). Además, aunque la pyme vasca emplea al 65% de la mano de obra total, la facturación agregada de todas ellas apenas está en el 37%, ya que el peso de la facturación lo soportan las empresas grandes.

El del tamaño de nuestras empresas, así como la necesidad de cooperar o aliarse para poder ser competitivas, es un debate vivo en Euskadi. Este es uno de los hándicap a superar, y se cita en los planes de política industrial que presentan públicamente las patronales y los principales responsables institucionales.

Evidentemente, ser grande suele traer aparejadas importantes ventajas, Sin embargo, ¿ser grande aporta una mayor capacidad de innovar? Sin necesidad de poner nombres, es obvio que algunas de las empresas que son consideradas más innovadoras en el mundo son grandes, muy grandes.

Agilidad

Pero no es menos cierto que vemos con frecuencia como grandes empresas segmentan y escinden sus divisiones de producto para poder llegar a sus mercados de manera más competitiva. El dicho “piensa en grande y actúa en pequeño”, resulta revelador en este sentido.

No seré yo quien discuta esta afirmación. Porque efectivamente, una pyme puede disponer de mayor agilidad en la toma de decisiones, una mayor flexibilidad en la gestión operativa y una mayor cercanía y orientación al cliente.

El gasto interno en innovación en Euskadi (2,3%) es muy superior a la media española (1,3%), pero la pyme, por lo general, han dedicado poca atención a esta materia. Lamentablemente, los responsables de muchas empresas tienen interiorizado que conceptos como innovar o investigar, están asociados a un tipo de inversión no prioritaria y vinculada a toda suerte de ayudas o subvenciones.

Necesidad estratégica

Innovar en la empresa debería considerarse como necesidad estratégica, porque supone aumentar su eficacia competitiva. Dotarse de otra forma de hacer las cosas o dedicar tiempo a replantear los actuales procedimientos para ver si existe margen de mejora, también es innovar. Y es en este terreno, donde una pyme dispone de más posibilidades de acción inmediata.

El problema de muchos empresarios pyme es el desánimo. Algunos, llevados por la inercia, la costumbre o el inmovilismo, (a pesar de contar con buen producto), tienden a reducir o estancar su tamaño, y a focalizarse en mercados locales, porque no ven como hacer más.  Sus responsables, se vuelven escépticos ante cualquier cambio.

En esta situación, un empresario termina por focalizarse en el precio como único argumento para competir, y se concentra en el gasto como forma de hacer el negocio, intentando reducirlo y equilibrarlo antes que actuar en serio para conectar con su mercado o ampliarlo, porque ya se le hace muy cuesta arriba invertir y apostar recursos en ello. Es un bucle del que resulta complicado salir.

Después de años críticos, hoy el verdadero factor de cambio para la mayoría de pymes consiste en innovar en su manera de gestionar. Esto pasa por acentuar el valor de las personas promoviendo el intercambio de ideas, analizando y evaluando todos los indicadores que se obtienen desde cada ángulo de su negocio y la gestión del mismo. Repensando los procedimientos de la empresa para buscar su eficacia competitiva, y si para ello hay que crear modelos escalables para adquirir dimensión, ser muy activos explorando alianzas y vías de cooperación para hacerlo posible.

La mejor ayuda es la que uno se procura a sí mismo. Pensar cómo mejorar, es el primer paso para mejorar.



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